viernes, 26 de febrero de 2016

En la Cabeza de la Serpiente

En la Cabeza de la Serpiente

 

Todos los hombres somos Ícaro

Fugaces, audaces hombres de mar

¿Y qué hacer si al llegar al cielo

no nos queda más que nuestras alas calar?

 

En efecto, todos somos Ícaro, dijo Walter bajando el cigarrillo para apagarlo contra el cenicero. Volvió a ver a sus dos amigos: ambos estaban ahí, bajo la espesa nube de humo que cubría el pequeño sótano en donde habían decidido instalarse. Estaban Jorge y Lucía, los dos viendo sus copas como si fuesen espectáculos en sí mismos. Observaban el ir y venir del fluido, el movimiento aleatorio del agua de hielo mezclarse con el ron, se perdían en la danza que tenía el mundo en una copa de vino. Todos parecían como tener vergüenza de verse las caras, pobres seres agobiados y maltratados por el mundo, apenados de la vida que habían llevado. Extraño como solo Walter se sentía un tanto orgulloso de haber llevado una vida al menos tolerable. Pero claro, el licor saca los peores monstruos de la mente del humano, lo vuelve crítico con un desdeño suicida, además de distraerlo de su presente inminente.

Así como todos los hombres son Odiseo, ¿no?, agregó Lucía con un tono ligeramente melancólico. Sí, ya…

Como me gustaría ver el cielo estrellado

 

¿Qué hora será?

Bueno muchachos, ha sido un placer comme tous le nuits. Calabaza, calabaza. Walter se levantó de la comodidad de su silla y se terminó de bajar el coñac. Vale, besos, saludes a la familia, bye. Salió tambaleando del bar a la calle iluminada por la Luna. Luna llena, Luna lunera cascabelera. Caminó a casa.

Pues sí, todos somos Ícaro, no hay duda. Aquel perro también, incluso este césped. Incluso el fuego. En especial el fuego. Homo ac ignis est. Cuando supe el secreto del fuego lo entendí todo. Irónico como siempre ha estado ahí, desde el principio de la razón. El fuego solo es libre cuando se extingue.

Todos en la historia lo han querido negar, todos los filósofos, sólo alguno que otro poeta lo ha aceptado.

Schopenhauer: música y misticismo

San Agustín y Santo Tomás: la fe

Fromm, el amor

Cortázar, la poesía

Sartre, quizás, él sí lo veía más claro

Lástima

Llegó al patio de la casa. Introibo ad altare Dei! Rió un poco, pensó en Lucía. Y qué fácil vuelvo a ella. La oculta. Su cielo infinito, su ideal. Agridulce que el que se la lleve a la cama sea siempre ese infame, ese maldito Jorge.

 

Oh baby, let me stay with you

One more night, just one more

 

Mejor dejar de pensar en ella, al final es malo para el hígado.

¿Cómo se llamaba aquella de Tchaikovsky? Todo el camino la tengo pegada en la mente papa papa pan pan pam parapapám, papa papa parapara pam paráa… algo con el azúcar.

 

¿Qué pensaría Da Vinci de la obra de Goya? ¿Y Rembrandt? ¿Y Plotino?

 

Papa papa pampam,  papa papa pampam….

 

Metió la llave en el llavín oxidado. Pedro, no me pierdas las llaves del cielo la diferencia es que este es mi laberinto en vez de caer al mar, caí de nuevo en mi prisión menudo héroe Solo falta una inscripción en griego antiguo en la fachada de la entrada… a Borges le gustaría eso.

 

Entró silencioso, la puerta chirrió un grito de dolor.

Demonios

Recordar: comprar WD-40

 

Caminó de puntillas a través de la sala. Nadie se debe despertar, sino se han de llamar los fuegos del infierno mañana.

Entró al cuarto.

¡Oh mi Penélope! Ahí está mi Penélope, ahí estás querida Tan acostada, tan dormida ¿Has tejido suficientes telas hoy, Penélope? ¡Oh mi Pasifae! El entrelazamiento cuántico dualidad onda-partícula en una cama. Se metió cautelosamente a la cama y miró a su esposa. Con qué calma duermes, con qué naturaleza, con qué fluidez Parece incluso un baile: tu pecho se expande al ritmo del mar y ahí estoy yo naufragando

fragata defectuosa

La vida en una milonga Quizás al revés.

¿Cuántos Robinsones se habrán perdido ahí?

sch sch sch sch

Tucutucu tucutucu tucutucu tucutucu

sch sch sch sch

tucutucu tucutucu tucutucu tucutucu

sch sch

tucutucu tucutucu….

 

¿Acaso no estoy yo en todas partes? Die Welt ist meine Wille, o no? De una u otra manera Dios existe. Yo existo O mejor, sé que Dios existe porque yo y el resto del mundo existimos; Sum ergo sum

Casi como los Upanishads Bastante cómico, un hombre ebrio hasta la nuca y sabio como un brahmán o como un Whitman

Hahaha ya tengo todo para escribir un libro!

 

Mi extensión es infinita yo soy el mundo Algo de razón tenía Spinoza: Yo soy cada árbol cada bosque Siento cada océano y pruebo cada mar una estrella y ahí estoy yo

Un edificio y ahí estoy yo

Una iglesia

En mi esposa en mi hija en la música
En el viento
En la cara curtida de los viejos en la frescura de los niños
En los perros
En Jesús en Buddha en Mahoma en los héroes de la historia.
La historia es la ocurrencia de una sola persona. El mundo lastimándose a sí mismo el Universal Uróboros. El Eterno Retorno de lo Idéntico One is All, All is One

 

“Dios”. Que palabra tan vacía

Como sabrán, queridos estudiantes, el humano nunca ha sabido tratar bien esas cosas, se ve en Zenón 1 0.5 0.25 0.125 0.0625… No estaba tan loco Pitágoras Bueno, tal vez sí

 

Papaparapam paraparapam PAM. Se cierra la ópera.

¡No era azúcar, eran flautas! Obvio.

 

AHHHHHHHHHHHHHOAOAOAOA

Divertido como, aunque grite en mi mente mi voz tiene el mismo volumen lo hace preguntarse a uno acerca de la realidad de los monólogos

 

Esa palabra, La Palabra, deus, gott, god, es como un cofre minúsculo en donde se trata de meter todo el universo. Termina quedando vacío, se pierde el propósito Lista de palabras que se acercan más al concepto: “Yo” “Inocencia” “Voluntad” “Noúmeno” “Pastel de Fresa”

Recuerden el examen la próxima semana, feliz fin de semana

 

Todas se escapan

Todas lo intenta, todas caen al mar

Todas mueren

Así es, soy universal soy indescriptible…

 

No obstante

 

Debemos ser críticos, por el futuro de la razón Todos los místicos y poetas a lo más que han llegado es a eso: A la extensión, a su dinámica. Pero nadie ha resuelto la pregunta del millón de dólares

¿Qué y quién soy?

 

Decir dónde está y cómo actúa no es decir qué se es El significado es difuso qualitas occulta

La búsqueda del ser es una gran crisis de identidad. Rio un poco. Hay que ver qué se le hace Al fin solo sé que no sé nada Buffalo buffalo buffalo buffalo buffalo buffalo shi shi shi.

Así, Walt se entregó a los brazos del sueño con una sonrisa en la cara. Estaba medio borracho, claro está.

Stop.

Hay que poner el ancla

Listo.

 

También had

                      had

                             had

                                   had

                                         had

                                                had

                                                      had

zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz

 

La muerte de los puentes es tal vez la peor forma de destruir una feroz pasión. Que el cuarzo sea rojo o negro, eso no es de interés para nadie; quizás solo para las viejillas locas que rondan los bares buscando quién escuche las anécdotas sobre sus dientes postizos y de madera de diente de morsa. La mancha de grasa en la mesa, el yoga kármico y la mandala del esqueleto cantan todas sobre la misma incertidumbre de los besos parcialmente robados de un adoquín de España. Y ahí estaba Yo, detrás de los cuernos de un toro negro, persiguiendo personajes en una plaza de Pamplona; figurillas de colección de una reja de cristal akáshico: la voz del que solo las almas antiguas llegan a entender. En la mente cantan todas las distintas personas, todas contradiciéndose en una algarabía de mercado de México; cantan a todos los rincones y desde todas las esquinas del hexágono regular la infranarrativa del escritor con afán esquizofrénico o de Peter Pan.

 

Las puertas se cerraban alrededor continuamente. Corría y las puertas estaban cerradas, ahora abiertas, cerradas, esta estaba abierta a lo lejos, cerrada de cerca. Corría y sudaba, las puertas de pronto era espejos a otras dimensiones y a otras vidas, llego a una y veo mi figura espantada del susto del laberinto de Asterión

Atravieso el líquido cristal

************

Cuando cierro los ojos la veo siempre a ella, la huelo, siento su sudor dulce en los pelos de mi pecho y mis piernas, siento mi garganta que se cierra de pudor. Primero la veo, luego la huelo, luego me huelo a mí mismo, una mezcla fascinante. Ella que huele a tabaco, yo que huelo a ausencias, a nada, realmente a nada, solo huelo tabaco, pero no, sí llego a olerme. Me huele el olor húmedo de los hongos de mis uñas, el olor a sobaco sudado, el olor a grasa de pelo de varios días sin bañar. Ella me ve de vuelta, me sabe distante, me ofrece un cigarro. Lo tomo de la punta, con delicadeza, como una daga, lo tomo como se toma un pichón de albatros, observo su blanco de hueso. Me lo fumo, me fumo otro, me fumo tres. Ahora las uñas no me huelen a hongos, me huelen a tabaco húmedo, putrefactas. Ella me ve de nuevo. Me sabe contaminado. Me siento vivo, ansioso, quiero fumarme otro cigarro. Al fin entiendo por qué te cuesta dejar de fumar, le digo yo a ella. Imaginate vos, por algo fumo desde los doce, me responde.

Ella no huele solo a tabaco. No como yo, que llevo mi perfume de tabaco húmedo, y no me escapo de esa cárcel. Ella lo lleva diferente, con más dignidad, sabiendo que ella misma va más allá, que su sweater de lana azul oscuro y sus jeans sueltos, indiferentes. De detrás de la espalda, saca una bolsa plástica, con unas figurillas negras dentro. ¿Qué tenés ahí? le pregunto. Con una sonrisa, me responde, te van a encantar, son unos hongos que le compré a un amigo. Saca uno y me lo pone en los labios con los suyos y me lo mete en la boca con su lengua. Ahora huelo fuertemente el tabaco, junto al olor terroso de los hongos, y el olor dulce de su hormona que me invita. Mastico varias veces el honguillo, me sabe a tierra amarga, a gusano podrido. Veo que ella se come uno también, se ríe, pícara, y yo aprovecho para acercarme más, insinuarla con los ojos. Ella se lanza al ataque, nos besamos entre periodos largos de tiempos y espacios, cierro mis ojos para intentar abrirlos en otro mundo, entre luces de todos los colores, esperando que nos peguen los hongos.

Y entre saltos de peces, y forcejeos de manos que buscan los rincones de las ropas, al fin abro los ojos y lo veo. Lo veo ahí, en el centro. Veo al gato, justo en el centro, me acerco a él. Este me sonríe.  Me habla con una voz lejana, profunda, y me dice: ¿Quién habría de creer que los gatos sabemos más de matemáticas de lo que piensan? En nuestras pupilas de microcosmos revelamos números y átomos que se despliegan en hipotenusas y ligeros campos de Higgs, para solamente ser destruidos y renovados una y otra vez en una explosión continua de una gota de líquido semihumano que revela la sabiduría de la matemática ciberespacial felina, además de la gama de colores del atardecer del ojo de la bestia. A veces son verdes y azules, otras morados y marinos con pupilas de montañas y cerros indescriptiblemente pequeños, solamente vistos por los ojos del telescopio inverso de Galileo. Después ves un gran agujero negro de masa infinita en el centro de la galaxia de proteínas, chupando y absorbiendo todo en la sinfonía del ser metafísico.

Y ahora soy yo el que está cayendo en ese agujero negro (entre tantos, el gato se esfumó),   caigo, espero la muerte, espero la Nada, emocionado, como montado en la cabeza de la serpiente, que está a punto de morderse otra vez más su cola. Antes de morir, pienso, ¿cuántas veces más se repetirá el ciclo? ¿Cuántas veces más he de nacer, he de crecer, de llorar, de oler mis manos que huelen a tabaco podrido, cuántas veces más he de montar a esta serpiente? Solo, en la oscuridad, intuyo millones de serpientes, y un algo silencioso, que me acaricia el pecho y me cuenta que alguna salida secreta tiene que haber.

me entrego, desnudo, al silencio eterno.

************

La luz de la mañana iluminaba todo el cuarto cuando, con los ojos como leña podrida, despertó Walter. Escuchó el sonido de su mujer lavándose los dientes en el baño de al lado, y se volvió para el otro lado de la cama, tapándose con la cobija la cara. Poco a poco, fue recobrando el sentido de su cuerpo: sus pantorrillas como un campo de guerra, su boca un cementerio de barcos naufragados. Sintió la ropa de ayer, sucia e incómoda. Oyó la voz de su mujer: Llegaste muy tarde anoche. Mmmmmm respondió Walter intentando dormirse de nuevo. Y además muy borracho, continuó. Olés a puro güaro. Ni siquiera te lavaste los dientes, cochino. Nos agarró tarde, logró responder Walter, resignado a levantarse. Ya, bueno, levantate que ya es tarde, que quedamos con la Pili para lo de…… su voz se perdió poco a poco en el baño, Walter quiso perderla. Se logró levantar, y se sentó a la orilla de la cama, sucio, cansado y con la boca apestando a mierda. Recordó su sueño, recordó una última vez a Lucía. Finalmente, se dio por vencido, y aceptó que, una vez más, tendría que volver a la vida y salir al gris de las calles.

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