Joab Yarkoni redondeó el trabajo de aquella tarde cogiendo
unas cuantas cajas de whisky escocés, unas cuantas de brandy,
unas cuantas de ginebra y unas cuantas de vino...
excepto el último puntito suspensivo, que, por un erro tipográfico, se encuentra casi colgado de los otros dos, posicionado levemente más abajo de los antes mencionados. Voces de personas muertas desde 1914 que parecen hablarnos desde su tumba en un cementerio de San José (lo cual puede ser lúgubre o hermoso, según se le mire). Pensar sobre la muerte mientras el Requiem de Mozart suena (nótese que los pensamientos llegaron antes que la música). Una pareja buscándose a sí misma en las nubes que ve con forma de animalitos y seres fantásticos: dragones, conejos y lo que podría ser una mano envuelta de tocino.
Todo esto constituye quizás el fenómeno más importante en la literatura: lo que es que la mente teja telas entre elementos inconexos podría llegar a ser el origen de la poesía.
Sería más eficiente entonces adecuar el sustantivo "poeta" por el más cercano "pareidólico". Y es quizás la esperanza del pareidólico de que, a pesar de que sea un error, ese puntito suspensivo esté puesto ahí deliberadamente por alguna mente que sabría que iba a ser interpretado por un par de ojos. De esta manera, el pareidólico necesita de la fe, pero una fe que yace en la creencia de que nada nunca en el fondo haya estado al azar (lo que Cortázar nos llama a entender de la labor del poeta: buscar siempre lo que está detrás de las cosas)
Entonces la poesía no es poesía per se hasta que se lea como poesía (con suficiente voluntad, se podría apreciar un poema en un diccionario). Bajo esta óptica, ni el buen poema ni el mal poema existen, todo depende de cómo se lea (trae a la memoria las palabras de Machado a Ortega y Gasset: El ojo que ves no es/ ojo porque tú lo veas;/ es ojo porque te ve). Pero sin ir muy lejos, que tenemos el peligro de caer en posmodernismos y ese no es el objetivo,y por favor perdónenme los cosismos.
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