sábado, 20 de mayo de 2023

Versos Últimos

Ahora, que pronto muero

Y dejo estos pueblos y valles 

                             de oscuras flores

Me encontrarán dando

                              mi último aliento

Y en él, desbordante,

                              mi último verso

Será una última fórmula

                              secreta para mi amada

La Vida misma, mistérico río

                              de Noche y Viento

Y sabrá mi amada,

                              en ese momento

¡Nada te reprocho,

                             todo te lo he cantado!

¡Vida frágil, vida sangrante

                            Hermana impecable del sueño!

miércoles, 22 de junio de 2022

Un Verso, uno solo

Quiero escribir un libro que le llegue a todos los niños de la Tierra

Un libro que resuene y caliente los hogares en invierno

Que esté presente en cada beso y en cada memoria

Que cada marino pueda leerlo en la sal de las olas y en la forma de las estrellas

¿Será acaso esto mucho pedir?


Quiero escribir entonces un poema que resuene en los portales de mi infancia

Uno que contenga los juegos y las risas de los jardines

Que le inflame el corazón a mi primer lejano amor

Uno simple, sonoro, un poema en sí mismo

¿Será acaso esto mucho pedir? 


Quiero escribir entonces un verso, uno solo, pequeño como grano de avena

Uno fácil de cantar, para la memoria del campesino

Un verso que alegre las jornadas de café

Que estremezca los cristales húmedos cuando llueva al alba

¿Será acaso esto mucho pedir?


Después de tanto escribir, y mal lograr el sagrado verso

Decepcionado y triste, finalmente he decidido

Nunca más querer ese verso hermoso

Olvidar mi poema sonoro

Desistir de mi libro inefable


A esto he llegado: que el verso es imperfecto

Y la lengua siempre tosca

Pero bello es el espíritu

Y siempre sutil el Silencio

La palabra su origen ha perdido

Pero el alma, siempreverde, su íntimo

secreto siempre ha mantenido.


A esto he llegado, oh queridos:

No escribir versos, vivir sus poemas

es la forma más alta de la obra del Poeta.

domingo, 14 de noviembre de 2021

Me iré, silenciosamente, una tarde de Abril

 Me iré, silenciosamente, una tarde de Abril

Pronto, lo sé, velarán mi cuerpo con flores y whiskey

Llorarán una lágrima única las mujeres que me amaron

Y quemarán mi cuerpo en los fuegos eternos de los crematorios.

¡Cuánto anhelo ese momento! En que mis aguas vuelvan a las fuertes nubes,

Y mis aires canten de vuelta con los cielos

Que mis fuegos ardan con el primigenio Fuego

Y mi tierra yazca, una vez más, a las faldas de las raíces de los pinos.

O seré enterrado bajo un viejo olmo, junto a los musgos amigos que me han acompañado.

Con una última fuerza, exhalaré mi último aliento, sabiendo que mi calavera

coronada de rosas, le sonreíra a la oscuridad de la tierra

hasta perderse de la memoria de mi gente.


No llores, mujer amada, que me voy como he venido: desnudo y sin fronteras,

tan aferrado a la Vida, que me entrego a la Muerte, su otra cara, 

con la misma fuerza con la que nací.

Me iré, silenciosamente, una tarde de Abril

No me iré a otros puertos, ni a otras Tierras, no

Volveré a ese Silencio jubiloso, que tanto he amado

en el que mi alma puede cantar a las estrellas y a los Planetas.

Y si has de hallarme, no deberás más que buscar esa Oscuridad interna

Para escuchar el  baile de mi corazón

Disuelto en los mares de la Eternidad.


Me iré, silenciosamente, una tarde de Abril

Y realmente nunca me habré ido.

martes, 1 de junio de 2021

Inducción

 "...bastan dos espejos opuestos para construir un laberinto."

 J. L. Borges

Entré al baño con ganas de bañarme. La luz de la tarde me dió la bienvenida desde la ventana, hacía un clima bellísimo. Estaba entrando el veranillo de San Juan, días bellísimos robados de diciembre en medio de la época lluviosa en el trópico. 

Me quité la camisa sudada, exploré mi cuerpo frente al espejo. Después de revisar alguna que otra espinilla sobre mi piel, y de estripar sin piedad algún que otro clavillo, me vi realmente reflejado en ese baño. Este ser que tenía de frente. Una cara barbuda y un pelo desarreglado, un par de ojos café... me fijé principalmente en los ojos. Si alineaba correctamente mi cuerpo, la luz podía iluminar de lado mi cara y ver precisamente la forma del iris de mis ojos. 

Vi una topografía impresionante: montañas y cordilleras cafés, orbitando un centro oscuro, fuente del caos eterno. La luz en su ángulo perfecto permitía ver justamente todas esas formas, que en cualquier otro momento son invisibles al mundo, y sin embargo, ahí estaban, revelándose de forma inesperada. Maravillado, me quedé absorto un tiempo, intentando reconocer los terrenos de ese diminuto país inexplorado, intenté nombrar sus valles y montañas con nombres fantásticos de una lengua fantástica.

Entonces lo vi. En el centro de ese mundo, en la oscuridad del ojo, vi mi cara reflejada viéndose al espejo. Imaginé como esa cara se daba cuenta de estarse viendo, a su vez, a sí misma en el espejo, y pensar que en su ojo-reflejo existe otra cara reflejada y así continuamente ad infinitum. Imaginé mis infinitas caras viéndose al espejo, dándose cuenta que cada una era solo el inicio de una cadena infinita, y recordé esa declaración de Borges sobre los espejos y los laberintos. Pensé que Borges se había equivocado, no se requieren dos espejos para construir un laberinto, realmente basta un solo espejo. Caído ya el Sol, en esa inefable hora crepuscular, me di cuenta que realmente no se había equivocado el maestro en su declaración, tan solo había olvidado mencionar algo fundamental: que el observador y el segundo espejo son el mismo. Me atrevería a agregar entonces, que siempre que hayan dos ojos que se ven, existe ya en ese instante un infinito laberinto que se mira, que se intenta comprender, que lucha, y mata, y muere, y quizás, sí, ama.


sábado, 6 de febrero de 2021

Me Llamo Carlos


Carlitos, no lo hagás- me decía a mí mismo, no lo hagás.  Yo no me llamo Carlos, ni estaba haciendo nada raro, solo me decía: no lo hagás. Me hablaba mi voz de madre que me llamaba Carlos, que era el nombre que casi me pusieron cuando nací, pero al final se decidieron por el que traigo en la cédula. No lo hagás, me dice mi madre, no lo hagás, como diciéndome, no seas el Otro, ese que sí fue, quédate siendo vos, el que todavía puede ser, el que no ha sido del todo. Me llamaba a mí mismo Carlos, siendo yo el Otro, queriendo ser él. Le escribía cartas a Carlos, al Carlos que se perdió en los mares de posibilidades. Le contaba mis días, mis notas en el cole, los ojos que me enamoraron, las noches de no dormir, de mi graduación de la Uni, de mi noche de bodas con la Susana, de mis enfermedades, de mis hijos: todo a Carlos, querido Carlos, hoy no hice realmente mucho, vi mucha tele, estuve viendo la pared un par de horas a las 3 de la mañana, lo normal, vos no debes de gastar tanto tu tiempo haciendo nada, vos debes estar preparándote para entrar a un colegio gringo, o escribiendo un libro, o estudiando para los exámenes, en fin, mañana hablamos de nuevo, un abrazo, tu querido Carlos

En algún momento de mi vida me dio por las pajas. Creo que a Carlos no le gustaba que me masturbara tanto, a veces imaginaba que me miraba desde una esquina oscura de mi cuarto, con vergüenza de las 3, 4, 7 veces que me la jalaba. A mis padres y a mi esposa tampoco les gustaba mucho, y lo sé porque me agarraron un par de veces con las manos en la obra, pero en eso nunca les hice caso, ellos no sabrían lo que es ese dolor que lo quema todo, que solo se alivia al quemar esa parte del cuerpo.   Una vez que terminaba mis furiosas sesiones, me decía, Carlitos por qué lo hiciste, y me limpiaba con un poco del papel higiénico que tenía escondido en el cuarto, y procedía a mis operaciones favoritas post-coito. Primero me olía el sudor de la niez, el que mis amigos llamaban ni-cu-ni-hue, que me encantaba por el olor a nuez madura, a una noche de hacer el amor sin parar (Carlitos no tenía problemas con esto, a él también le gustaba). Luego pasaba uno de mis dedos por donde empieza la abertura de las nalgas, que tenía un olor particularmente diferente al del perineo; este era un olor más ácido, y rancio, pero igualmente satisfactorio. Luego pasaba a mis pies, especialmente los dedos gordos (los franceses les llaman ortejos, los muy vulgares). Si había llevado medias todo el día, recogía las bolitas de sudor que se formaban entre los dedos, y también disfrutaba de su olor. Luego pasaba una aguja o la punta de un cortauñas por debajo de mis uñas gordas, buscando el tesoro más preciado, aquel trocito de piel que quedaba días y semanas absorbiendo sudor y humedad, y Carlos me decía, no lo hagás, y bueno, qué más da, yo lo hacía y lo encontraba con placer y lo olía a gusto, y Carlitos que asco, pero que rico que olía, similar al olor de una almendra, o el olor de una nuez recién abierta. Me encantaba tanto ese olor, que a veces me destruía los dedos de los pies buscando esos nuggets de oro, tanto que siempre que usaba zapatos me dolía caminar, y Carlitos, nadie te tiene, nadie te tiene de puerco. Finalmente, cuando Carlitos ya se había ido del asco, me comía un moco y me echaba a tomar la siesta.

Por supuesto que nada de esto le gustaba a Carlos, excepto tal vez el olor del sudor. Pero yo sabía que nada de eso hacía Carlos, él era casi perfecto. Carlos estudió lo que quería, y lo que quería era lo que sus padres querían, y sacó buenas notas, era siempre obediente y disciplinado, y Carlos no fue miserable años de años en un trabajo decrépito que no tenía futuro que lo corroía por dentro día a día; ni se casó Carlos con mi mujer alcohólica, sino con la mujer de su vida, ni tuvo pequeños diablillos de hijos que nadie se aguanta como los míos, nada de eso. Carlos fue ese que nunca pude ser. Frecuentemente, Carlos me perseguía en sueños, preguntándome, ¿por qué me quitaste mi espacio, si era yo el que debía ser? Y yo, guiado por un instinto meramente animal, solo corría, pero Carlos me seguía por callejones y a cada esquina lo veía; cada vez que corría más rápido, Carlos más rápido me seguía, hasta que inevitablemente me lo topaba de frente en uno de los callejones y Carlos sin inmutarse un solo segundo sacaba un largo cuchillo y, con una sonrisa tranquila y justa, me clavaba el cuchillo en el estómago. Después de desangrarme un tiempo en el suelo de ese callejón infame, escuchaba a Carlos decirme cosas que no me atrevo a repetir; yo solo lloraba sangre y le pedía que terminara el trabajo, con lo que él me pasaba el cuchillo por el cuello. Yo luego despertaba pensando si al fin era Carlos o aún era el Otro, me levantaba confundido, seguro que esta vez ya mi nombre era Carlos. Iba al baño y me miraba en el espejo. Seguía viendo al Otro en el desierto de mis ojos. Espero aún el día, como la monja espera temblorosa en su écstasis la llegada del Hijo del Hombre, en que yo quede por siempre del otro lado del sueño, viendo a Carlos silenciosamente desde ese valle de sombras y de niebla y Carlos despierte, tranquilo, en un mundo de otros Carlos, sabiendo que en sus sueños no lo van a perseguir, que no debe morir de nuevo, pudiéndose llamar como debe, pudiéndose llamar Carlos.

viernes, 22 de febrero de 2019

Y Saber

Y saber que nunca más estarás,
que dos líneas una única vez se cruzan
saber que no serás más que
otra forma sutil del Olvido
tratando de aferrarse a la vida,
un pez más en el río del Tiempo
que nunca es el mismo río
pero siempre el mismo cruel fluir

Y saber que ni estos tristes
y faltos versos alguna vez leerás
en tu idioma extraño
de fiordos y vikingos
de viajes y victorias:
ese mundo ajeno
reflejo de otro espejo que no es mi espejo

Y saber que tu sonrisa por siempre
se perderá en este infinito mar
de edificios y semáforos,
que cuando nos reencontremos
no seremos más que ceniza y polvo
en la silenciosa memoria de la tierra.

jueves, 14 de febrero de 2019

Dios nos habla en Señas

El reloj de la estación se detiene
ahí está el momento:
la mano, la sonrisa, los labios
La emoción de
decirlo todo
soltar los caballos, romper las ataduras
respirar el aire fresco de la mañana y
ser Uno eternamente
por un segundo

Y sin embargo

Silencio

mientras tanto
Dios nos habla en señas:
El reloj de la estación sigue andando

miércoles, 20 de septiembre de 2017

En el silencio las abstracciones se convierten en acciones.


*****************
La triste realización de que la vida es dolor y solo dolor… es la que hace al humano buscar un horizonte más prometedor que el actual mundo liderado por chimpancés idiotas que se evaden a sí mismos.
Es ahí donde se buscan las drogas, la pornografía, la distracción mental, que eventualmente lleva al suicidio mental. Buscamos los placeres carnales, las historias nuevas, las entretenidas tragedias para evadirnos de nosotros mismos, para distraer la mente y evitar soltar el gran perro rabioso que puede llegar a destruirnos la carnes y desgarrarnos los tendones. Guardamos ese perro en una jaula gigante, irrompible por nuestra propia evasión, y vivimos viendo las noticias de las 7 todos los días… buscando algo, a nosotros mismos, a la vida que deseamos…

Pero, cuidado aquel que suelte al perro rabioso… porque ese Cerbero se las trae.

En Esos Días Grises...




Hay días en los que sencillamente uno no quiere escribir. Y, ¿qué hacer? Pos nada; así es la mente de… ¿vanidosa?...¿berrinchuda?...¿cuál era la palabra? ¿Cavilosa…? Pos no, si no viene, no viene; ya vendrá en algún momento. Posiblemente horas después cuando me esté bañando, o algo así por el estilo.
Y nada, la mente es un río que fluye, y corre, y baila, y viene y va. Mete y saca lo que quiere. Fluye en las piedras de las ideas: les da contornos y profundidades; ahonda en las simas más profundas cuando le da la gana y se queda en las nimiedades más absurdas al momento siguiente.
Es el esplín lo que no nos deja escribir en esos días grises. Ese miedo a lo que puede salir, que en el fondo es el miedo a lo que realmente somos. Es el mismo miedo que el miedo a dar un primer beso, pero aún más terrible. Más terrible, porque en un beso, el futuro y la incertidumbre dependen de la otra persona, además de que el sufrimiento interior termina bastante rápido (un beso se devuelve o se devuelve una cachetada); en escribir no. En la labor de escribir estamos nosotros, libres pero angustiados, nerviosos y aterrados. No importa realmente cuántos miles de párrafos haya escrito uno, ese miedo siempre está ahí, acechando las sombras de los cuartos, esperando a que uno baje las defensas para meterse en cualquier diminuta grieta de la armadura de nuestra experiencia.


Quizás el mejor remedio es aburrirse del aburrimiento, tirarse a pista, soltar la lancha al Río Reventazón que es la mente, y dejarlo ser, y ya. ¿Qué más da? Si la vida de una página llena de símbolos, ya sean escritos en tinta o digitados, no está asegurada. Hay que dejarse de tanto pedantismo, porque siempre está el último recurso, el más fiel amigo del escritor: el basurero.

jueves, 18 de agosto de 2016

Ojos de Fuego

En la oscuridad de la sima
Se encuentra el caminante:
Peregrino,
Gran trovador,
Cantante de vida,
Vividor de cantos

Él solo va de paso

En la oscuridad de la sima
Camina el caminante:
Perseverante
Gran hombre de mundo
En la noche camina
En las cuevas mora

En la noche de eternidades
Noches oscura, ¡Luna negra!
Sigue caminando
Aunque ciego camine
Aunque dolido yazca

Abre sus ojos el caminante
Del impávido, lúgubre sueño
"Abre tus ojos caminante
Y busca la luz en los míos
Busca tu paz en los míos"

Cansado el hombre:
La espalda luyida,
Vacío el estómago,
Con el alma cautiva
Vio a aquel Sol de soles
Viento de vientos
Rey de lluvias y alientos:

Ojos de niño, relampagueantes
de fuego azul, de vida
Se presentan ante los tuyos, caminante
Y como al compartir una candela
Se prende tu pecho, heráldico: flamante

Camina en la noche con ojos
de niño de fuego fatuo
Peregrino sin rumbo, mas toma
de la mano a aquel niño
que pronto terminamos el camino.

****************

En la oscuridad de la sima
Se encuentra el caminante
Acompañado por su niño va:
Dos son
Uno
Y Uno
son Todos
Van saliendo juntos de la sima
Se discierne en la sombra
Dos ojos azules y
Un corazón en llamas. 

miércoles, 3 de agosto de 2016

Fragmento 3

Es algo de la imposibilidad social che. Es algo de la diferencia social, algo del préstamo dialéctico de sociedades pasadas, algo del intercambio lingüístico de las culturas, algo de la hemoglobina y su carencia de hierro,  algo del hipotiroidismo del corazón por falta de mar y Luna. Es algo de este mismo texto, que refleja todo sin decir nada, algo de los mismos espejos, algo de la literatura, de los textos en sí. "Literar", que bonito verbo. "Dícese de la acción de amar con ideas". Real Academia (2016) Madrid, España. Es algo de la petulancia de la gente, de los perros, de los gatos, del aire, de los ojos, que hace que unos días ni quiera ver el reloj, porque solo me trae la muerte como las mareas siempre traen a la arena la mierdilla de los niños que cagan en el mar (acto, por cierto, repulsivo); y otros que quiera ser una sombra al borde de un bosque de pinos canadienses. Es algo de Dios, algo de las bacterias. ¿Y por qué molestarse? Si nacer o morir es indiferente en este pueblo (como el pueblo de Rulfo), ¿por qué llevamos acabo esta tragicomedia?¿Por qué no nos tragamos una pastilla de cianuro, como los espías anti-literatura-anti-poesía-antianti? Y a la orilla de estas preguntas, se nos aproxima la idea: entra, como un ladrón por la ventana, o como una bacteria de transmisión sexual (y me preguntan por qué uso condón, serán sonsos). La idea se nos mete en la jupa y nos va carcomiendo el espíritu poco a poco, como una comecarne. El ácido suiciúrico nos corroe las ganas, y nos corroe los dientes, y lo peor, lo peor de todo,¡lo peor! es que algunos pendejos lo guardan en una botellita café con tapón de hule en algún laboratorio por ahí escondido. Una vez que entra, nada la detiene, y el color grisáceo se apodera de nuestros ojos, el color grisáceo se apodera de nuestro mundo.
Pongan atención: Tío, Macho, Güey, Mae, Pibe, Pelotudo, Güevon, Mop, Viejo, Rasta... ¿para qué tantas formas de llamarnos los unos a los otros, si ni siquiera podemos llamarnos clara e individualmente a nosotros mismo? Porque si escribo "Esteban", estas 7 letras por sí mismas no tienen significado sin alguien que responda cuando lo llamen.
Tal vez entonces el kibutz del deseo solo sea un sueño infantil de adultos ciegos por su orgullo, ¿acaso nunca será suficiente? Tal vez la paz solo sea un límite a un número cuando el humano tiene a infinito. Asíntota horizontal. Regla de L'Hopital. ¿Después qué? Con tantos teoremas, reglas y leyes, quedamos en lo mismo: muy en el fondo estamos vacíos y la vida no es más que la triste realización de que ese vacío es interminable, pero solo nos damos cuenta de esto cuando se nos acaba la vida. Aquí yace el preligro del posmodernismo y el perspectivismo, o puesto de otra manera: Nietzsche nunca consideró que sus libros realmente iban a ser leídos por todos y por nadie.

The Song of the Little Bird

Trapped in a small cage
a little flying bird sings
Sings a sad blues, a sad rage
"Poor little bird, trapped in this cage
I beg you, let him fly!
Let him fly and stop his sad rage!

"Tell me, Father, what is this bird
singing in his sad, sad cage?
Why is he singing of the dear Rain?
Why is he singing her name with much pain?"

"Oh sweetie, dear sweetie
Do not pity this little flying bird
For his cage is of love
For his cage is of pain
and yes, he wishes the sky
He wishes to fly
But he stays, he stays
For his cage is of love
For his cage is of Rain".

San José, 2014

Fragmento 2

Casos en los que la mente ve cosas que no existen: Unas ramas en un claroscuro meciéndose arriba y abajo delante de una tapia de concreto; a la lejanía, unos ojos drogados creen estar viendo un ladrón intentando entrar a su propiedad. Una famosa cara en la corteza de Marte (ejemplo harto conocido por todos). En la página 119 de una edición del "Éxodo" de Uris (en español) se puede leer el siguiente fragmento:
Joab Yarkoni redondeó el trabajo de aquella tarde cogiendo
unas cuantas cajas de whisky escocés, unas cuantas de brandy,
unas cuantas de ginebra y unas cuantas de vino...
excepto el último puntito suspensivo, que, por un erro tipográfico, se encuentra casi colgado de los otros dos, posicionado levemente más abajo de los antes mencionados. Voces de personas muertas desde 1914 que parecen hablarnos desde su tumba en un cementerio de San José (lo cual puede ser lúgubre o hermoso, según se le mire). Pensar sobre la muerte mientras el Requiem de Mozart suena (nótese que los pensamientos llegaron antes que la música). Una pareja buscándose a sí misma en las nubes que ve con forma de animalitos y seres fantásticos: dragones, conejos y lo que podría ser una mano envuelta de tocino.

Todo esto constituye quizás el fenómeno más importante en la literatura: lo que es que la mente teja telas entre elementos inconexos podría llegar a ser el origen de la poesía.
Sería más eficiente entonces adecuar el sustantivo "poeta" por el más cercano "pareidólico". Y es quizás la esperanza del pareidólico de que, a pesar de que sea un error, ese puntito suspensivo esté puesto ahí deliberadamente por alguna mente que sabría que iba a ser interpretado por un par de ojos. De esta manera, el pareidólico necesita de la fe, pero una fe que yace en la creencia de que nada nunca en el fondo haya estado al azar (lo que Cortázar nos llama a entender de la labor del poeta: buscar siempre lo que está detrás de las cosas)

Entonces la poesía no es poesía per se hasta que se lea como poesía (con suficiente voluntad, se podría apreciar un poema en un diccionario). Bajo esta óptica, ni el buen poema ni el mal poema existen, todo depende de cómo se lea (trae a la memoria las palabras de Machado a Ortega y Gasset: El ojo que ves no es/ ojo porque tú lo veas;/ es ojo porque te ve). Pero sin ir muy lejos, que tenemos el peligro de caer en posmodernismos y ese no es el objetivo,y por favor perdónenme los cosismos. 

jueves, 14 de julio de 2016

La Muerte de Mercurius

A Zygmunt Bauman

Esta liquidez en la que vivimos:
Un río de mercurio, plateado líquido
en el que nos ahogamos
cada día; en la tele, los libros
la pasta de dientes, hasta las ideas
Luchamos por hacernos grumos
grumitos grumitos en el macabro río
de plata grumitos de humanidad
Pero en la solidez yace la muerte;
Así: nos agrupamos por un leve
momento de conciencia para
finalmente deshacernos
y morir en el mar de plata

jueves, 7 de julio de 2016

Fragmento 1

Creo que si en algún momento llegara a poder decir justamente "He leído todos los libros existentes", llegaría a suicidarme. Claro está, esto es imposible, por dos claros motivos: la cantidad de libros escritos es lo suficientemente grande como para sobrepasar miles de vidas; y por otro lado, en el aire cuelgan y bailan infinitos libros no-escritos, esperando a ser leídos por un par de ojos ávidos.
Por este motivo, es claro que Dios jamás podría ser hombre (o al revés): la omnisciencia trae consigo un fastidio insoportable para el humano, que lleva consigo un tinte de autodestrucción. Quizás fue esto lo que Schopenhauer nunca llegó a considerar.

domingo, 26 de junio de 2016

El camino del hombre sin voz,
Destinado a ser siempre esclavo de su destino
Pues el buen hombre es aquel
que ha cruzado los valles más nevados
y su voz a rugido en los alpes más altos

Mis hermanos,
¿esperáis entonces, que pierda mis días
como rosas marchitas al viento?
La esencia del sabio yace en la conquista
de cada uno de los días

martes, 1 de marzo de 2016

Versos a una Escondida y Ahí te Quiero Ver



La muchacha con los ojos de laberinto y
labios de araña; intrincadas telas teje
Ese hombre, Minotauro, triste vive
Enamorado
Sin poder salir de su laberinto
Pobre poeta el que viva en esas
cuevas, Tanta soledad:
Melancolía
Quizás Dios y el hombre
Las Musas, aclamando el Nombre
Y el libro imposible sin lectores
Quizás Yo
Y sigue en la rayuela del ser
Las piedras del niño, la tiza rosada
El mundo en un segundo, una gota
Quizás un beso.

viernes, 26 de febrero de 2016

En la Cabeza de la Serpiente

En la Cabeza de la Serpiente

 

Todos los hombres somos Ícaro

Fugaces, audaces hombres de mar

¿Y qué hacer si al llegar al cielo

no nos queda más que nuestras alas calar?

 

En efecto, todos somos Ícaro, dijo Walter bajando el cigarrillo para apagarlo contra el cenicero. Volvió a ver a sus dos amigos: ambos estaban ahí, bajo la espesa nube de humo que cubría el pequeño sótano en donde habían decidido instalarse. Estaban Jorge y Lucía, los dos viendo sus copas como si fuesen espectáculos en sí mismos. Observaban el ir y venir del fluido, el movimiento aleatorio del agua de hielo mezclarse con el ron, se perdían en la danza que tenía el mundo en una copa de vino. Todos parecían como tener vergüenza de verse las caras, pobres seres agobiados y maltratados por el mundo, apenados de la vida que habían llevado. Extraño como solo Walter se sentía un tanto orgulloso de haber llevado una vida al menos tolerable. Pero claro, el licor saca los peores monstruos de la mente del humano, lo vuelve crítico con un desdeño suicida, además de distraerlo de su presente inminente.

Así como todos los hombres son Odiseo, ¿no?, agregó Lucía con un tono ligeramente melancólico. Sí, ya…

Como me gustaría ver el cielo estrellado

 

¿Qué hora será?

Bueno muchachos, ha sido un placer comme tous le nuits. Calabaza, calabaza. Walter se levantó de la comodidad de su silla y se terminó de bajar el coñac. Vale, besos, saludes a la familia, bye. Salió tambaleando del bar a la calle iluminada por la Luna. Luna llena, Luna lunera cascabelera. Caminó a casa.

Pues sí, todos somos Ícaro, no hay duda. Aquel perro también, incluso este césped. Incluso el fuego. En especial el fuego. Homo ac ignis est. Cuando supe el secreto del fuego lo entendí todo. Irónico como siempre ha estado ahí, desde el principio de la razón. El fuego solo es libre cuando se extingue.

Todos en la historia lo han querido negar, todos los filósofos, sólo alguno que otro poeta lo ha aceptado.

Schopenhauer: música y misticismo

San Agustín y Santo Tomás: la fe

Fromm, el amor

Cortázar, la poesía

Sartre, quizás, él sí lo veía más claro

Lástima

Llegó al patio de la casa. Introibo ad altare Dei! Rió un poco, pensó en Lucía. Y qué fácil vuelvo a ella. La oculta. Su cielo infinito, su ideal. Agridulce que el que se la lleve a la cama sea siempre ese infame, ese maldito Jorge.

 

Oh baby, let me stay with you

One more night, just one more

 

Mejor dejar de pensar en ella, al final es malo para el hígado.

¿Cómo se llamaba aquella de Tchaikovsky? Todo el camino la tengo pegada en la mente papa papa pan pan pam parapapám, papa papa parapara pam paráa… algo con el azúcar.

 

¿Qué pensaría Da Vinci de la obra de Goya? ¿Y Rembrandt? ¿Y Plotino?

 

Papa papa pampam,  papa papa pampam….

 

Metió la llave en el llavín oxidado. Pedro, no me pierdas las llaves del cielo la diferencia es que este es mi laberinto en vez de caer al mar, caí de nuevo en mi prisión menudo héroe Solo falta una inscripción en griego antiguo en la fachada de la entrada… a Borges le gustaría eso.

 

Entró silencioso, la puerta chirrió un grito de dolor.

Demonios

Recordar: comprar WD-40

 

Caminó de puntillas a través de la sala. Nadie se debe despertar, sino se han de llamar los fuegos del infierno mañana.

Entró al cuarto.

¡Oh mi Penélope! Ahí está mi Penélope, ahí estás querida Tan acostada, tan dormida ¿Has tejido suficientes telas hoy, Penélope? ¡Oh mi Pasifae! El entrelazamiento cuántico dualidad onda-partícula en una cama. Se metió cautelosamente a la cama y miró a su esposa. Con qué calma duermes, con qué naturaleza, con qué fluidez Parece incluso un baile: tu pecho se expande al ritmo del mar y ahí estoy yo naufragando

fragata defectuosa

La vida en una milonga Quizás al revés.

¿Cuántos Robinsones se habrán perdido ahí?

sch sch sch sch

Tucutucu tucutucu tucutucu tucutucu

sch sch sch sch

tucutucu tucutucu tucutucu tucutucu

sch sch

tucutucu tucutucu….

 

¿Acaso no estoy yo en todas partes? Die Welt ist meine Wille, o no? De una u otra manera Dios existe. Yo existo O mejor, sé que Dios existe porque yo y el resto del mundo existimos; Sum ergo sum

Casi como los Upanishads Bastante cómico, un hombre ebrio hasta la nuca y sabio como un brahmán o como un Whitman

Hahaha ya tengo todo para escribir un libro!

 

Mi extensión es infinita yo soy el mundo Algo de razón tenía Spinoza: Yo soy cada árbol cada bosque Siento cada océano y pruebo cada mar una estrella y ahí estoy yo

Un edificio y ahí estoy yo

Una iglesia

En mi esposa en mi hija en la música
En el viento
En la cara curtida de los viejos en la frescura de los niños
En los perros
En Jesús en Buddha en Mahoma en los héroes de la historia.
La historia es la ocurrencia de una sola persona. El mundo lastimándose a sí mismo el Universal Uróboros. El Eterno Retorno de lo Idéntico One is All, All is One

 

“Dios”. Que palabra tan vacía

Como sabrán, queridos estudiantes, el humano nunca ha sabido tratar bien esas cosas, se ve en Zenón 1 0.5 0.25 0.125 0.0625… No estaba tan loco Pitágoras Bueno, tal vez sí

 

Papaparapam paraparapam PAM. Se cierra la ópera.

¡No era azúcar, eran flautas! Obvio.

 

AHHHHHHHHHHHHHOAOAOAOA

Divertido como, aunque grite en mi mente mi voz tiene el mismo volumen lo hace preguntarse a uno acerca de la realidad de los monólogos

 

Esa palabra, La Palabra, deus, gott, god, es como un cofre minúsculo en donde se trata de meter todo el universo. Termina quedando vacío, se pierde el propósito Lista de palabras que se acercan más al concepto: “Yo” “Inocencia” “Voluntad” “Noúmeno” “Pastel de Fresa”

Recuerden el examen la próxima semana, feliz fin de semana

 

Todas se escapan

Todas lo intenta, todas caen al mar

Todas mueren

Así es, soy universal soy indescriptible…

 

No obstante

 

Debemos ser críticos, por el futuro de la razón Todos los místicos y poetas a lo más que han llegado es a eso: A la extensión, a su dinámica. Pero nadie ha resuelto la pregunta del millón de dólares

¿Qué y quién soy?

 

Decir dónde está y cómo actúa no es decir qué se es El significado es difuso qualitas occulta

La búsqueda del ser es una gran crisis de identidad. Rio un poco. Hay que ver qué se le hace Al fin solo sé que no sé nada Buffalo buffalo buffalo buffalo buffalo buffalo shi shi shi.

Así, Walt se entregó a los brazos del sueño con una sonrisa en la cara. Estaba medio borracho, claro está.

Stop.

Hay que poner el ancla

Listo.

 

También had

                      had

                             had

                                   had

                                         had

                                                had

                                                      had

zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz

 

La muerte de los puentes es tal vez la peor forma de destruir una feroz pasión. Que el cuarzo sea rojo o negro, eso no es de interés para nadie; quizás solo para las viejillas locas que rondan los bares buscando quién escuche las anécdotas sobre sus dientes postizos y de madera de diente de morsa. La mancha de grasa en la mesa, el yoga kármico y la mandala del esqueleto cantan todas sobre la misma incertidumbre de los besos parcialmente robados de un adoquín de España. Y ahí estaba Yo, detrás de los cuernos de un toro negro, persiguiendo personajes en una plaza de Pamplona; figurillas de colección de una reja de cristal akáshico: la voz del que solo las almas antiguas llegan a entender. En la mente cantan todas las distintas personas, todas contradiciéndose en una algarabía de mercado de México; cantan a todos los rincones y desde todas las esquinas del hexágono regular la infranarrativa del escritor con afán esquizofrénico o de Peter Pan.

 

Las puertas se cerraban alrededor continuamente. Corría y las puertas estaban cerradas, ahora abiertas, cerradas, esta estaba abierta a lo lejos, cerrada de cerca. Corría y sudaba, las puertas de pronto era espejos a otras dimensiones y a otras vidas, llego a una y veo mi figura espantada del susto del laberinto de Asterión

Atravieso el líquido cristal

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Cuando cierro los ojos la veo siempre a ella, la huelo, siento su sudor dulce en los pelos de mi pecho y mis piernas, siento mi garganta que se cierra de pudor. Primero la veo, luego la huelo, luego me huelo a mí mismo, una mezcla fascinante. Ella que huele a tabaco, yo que huelo a ausencias, a nada, realmente a nada, solo huelo tabaco, pero no, sí llego a olerme. Me huele el olor húmedo de los hongos de mis uñas, el olor a sobaco sudado, el olor a grasa de pelo de varios días sin bañar. Ella me ve de vuelta, me sabe distante, me ofrece un cigarro. Lo tomo de la punta, con delicadeza, como una daga, lo tomo como se toma un pichón de albatros, observo su blanco de hueso. Me lo fumo, me fumo otro, me fumo tres. Ahora las uñas no me huelen a hongos, me huelen a tabaco húmedo, putrefactas. Ella me ve de nuevo. Me sabe contaminado. Me siento vivo, ansioso, quiero fumarme otro cigarro. Al fin entiendo por qué te cuesta dejar de fumar, le digo yo a ella. Imaginate vos, por algo fumo desde los doce, me responde.

Ella no huele solo a tabaco. No como yo, que llevo mi perfume de tabaco húmedo, y no me escapo de esa cárcel. Ella lo lleva diferente, con más dignidad, sabiendo que ella misma va más allá, que su sweater de lana azul oscuro y sus jeans sueltos, indiferentes. De detrás de la espalda, saca una bolsa plástica, con unas figurillas negras dentro. ¿Qué tenés ahí? le pregunto. Con una sonrisa, me responde, te van a encantar, son unos hongos que le compré a un amigo. Saca uno y me lo pone en los labios con los suyos y me lo mete en la boca con su lengua. Ahora huelo fuertemente el tabaco, junto al olor terroso de los hongos, y el olor dulce de su hormona que me invita. Mastico varias veces el honguillo, me sabe a tierra amarga, a gusano podrido. Veo que ella se come uno también, se ríe, pícara, y yo aprovecho para acercarme más, insinuarla con los ojos. Ella se lanza al ataque, nos besamos entre periodos largos de tiempos y espacios, cierro mis ojos para intentar abrirlos en otro mundo, entre luces de todos los colores, esperando que nos peguen los hongos.

Y entre saltos de peces, y forcejeos de manos que buscan los rincones de las ropas, al fin abro los ojos y lo veo. Lo veo ahí, en el centro. Veo al gato, justo en el centro, me acerco a él. Este me sonríe.  Me habla con una voz lejana, profunda, y me dice: ¿Quién habría de creer que los gatos sabemos más de matemáticas de lo que piensan? En nuestras pupilas de microcosmos revelamos números y átomos que se despliegan en hipotenusas y ligeros campos de Higgs, para solamente ser destruidos y renovados una y otra vez en una explosión continua de una gota de líquido semihumano que revela la sabiduría de la matemática ciberespacial felina, además de la gama de colores del atardecer del ojo de la bestia. A veces son verdes y azules, otras morados y marinos con pupilas de montañas y cerros indescriptiblemente pequeños, solamente vistos por los ojos del telescopio inverso de Galileo. Después ves un gran agujero negro de masa infinita en el centro de la galaxia de proteínas, chupando y absorbiendo todo en la sinfonía del ser metafísico.

Y ahora soy yo el que está cayendo en ese agujero negro (entre tantos, el gato se esfumó),   caigo, espero la muerte, espero la Nada, emocionado, como montado en la cabeza de la serpiente, que está a punto de morderse otra vez más su cola. Antes de morir, pienso, ¿cuántas veces más se repetirá el ciclo? ¿Cuántas veces más he de nacer, he de crecer, de llorar, de oler mis manos que huelen a tabaco podrido, cuántas veces más he de montar a esta serpiente? Solo, en la oscuridad, intuyo millones de serpientes, y un algo silencioso, que me acaricia el pecho y me cuenta que alguna salida secreta tiene que haber.

me entrego, desnudo, al silencio eterno.

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La luz de la mañana iluminaba todo el cuarto cuando, con los ojos como leña podrida, despertó Walter. Escuchó el sonido de su mujer lavándose los dientes en el baño de al lado, y se volvió para el otro lado de la cama, tapándose con la cobija la cara. Poco a poco, fue recobrando el sentido de su cuerpo: sus pantorrillas como un campo de guerra, su boca un cementerio de barcos naufragados. Sintió la ropa de ayer, sucia e incómoda. Oyó la voz de su mujer: Llegaste muy tarde anoche. Mmmmmm respondió Walter intentando dormirse de nuevo. Y además muy borracho, continuó. Olés a puro güaro. Ni siquiera te lavaste los dientes, cochino. Nos agarró tarde, logró responder Walter, resignado a levantarse. Ya, bueno, levantate que ya es tarde, que quedamos con la Pili para lo de…… su voz se perdió poco a poco en el baño, Walter quiso perderla. Se logró levantar, y se sentó a la orilla de la cama, sucio, cansado y con la boca apestando a mierda. Recordó su sueño, recordó una última vez a Lucía. Finalmente, se dio por vencido, y aceptó que, una vez más, tendría que volver a la vida y salir al gris de las calles.