Me iré, silenciosamente, una tarde de Abril
Pronto, lo sé, velarán mi cuerpo con flores y whiskey
Llorarán una lágrima única las mujeres que me amaron
Y quemarán mi cuerpo en los fuegos eternos de los crematorios.
¡Cuánto anhelo ese momento! En que mis aguas vuelvan a las fuertes nubes,
Y mis aires canten de vuelta con los cielos
Que mis fuegos ardan con el primigenio Fuego
Y mi tierra yazca, una vez más, a las faldas de las raíces de los pinos.
O seré enterrado bajo un viejo olmo, junto a los musgos amigos que me han acompañado.
Con una última fuerza, exhalaré mi último aliento, sabiendo que mi calavera
coronada de rosas, le sonreíra a la oscuridad de la tierra
hasta perderse de la memoria de mi gente.
No llores, mujer amada, que me voy como he venido: desnudo y sin fronteras,
tan aferrado a la Vida, que me entrego a la Muerte, su otra cara,
con la misma fuerza con la que nací.
Me iré, silenciosamente, una tarde de Abril
No me iré a otros puertos, ni a otras Tierras, no
Volveré a ese Silencio jubiloso, que tanto he amado
en el que mi alma puede cantar a las estrellas y a los Planetas.
Y si has de hallarme, no deberás más que buscar esa Oscuridad interna
Para escuchar el baile de mi corazón
Disuelto en los mares de la Eternidad.
Me iré, silenciosamente, una tarde de Abril
Y realmente nunca me habré ido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario